Chicas atadas
Me cogió y me puso a cuatro patas sobre la cama
con las manos a la espalda, atadas con una cuerda imaginaria
que el morbo me hacía respetar. Así fue como noté
un largo beso negro mientras me penetraba con su dedo y me acariciaba
los labios. Yo no me movía, me moría de placer.
Me preguntó si podía atarme y creo que
no es necesario que diga cuál fue mi respuesta o más bien
mi súplica. Todo eso era nuevo para mí y me deshacía
en deseos por experimentarlo al máximo.
Me masturbó hasta el punto de meter cuatro dedos en mi vagina
y tres en el ano. Sus dedos se movían dentro de mí y me
era imposible localizar el placer pues todo mi cuerpo se contorsionaba
de gusto. Llegué a pensar que tenía dentro todo un brazo.
Creí que ese era el límite.
Con el resto de cuerda que sobraba de mis muñecas me
ató el pie derecho y así quedé totalmente inmovilizada,
sólo con una pierna libre para mantenerla abierta. Seguía
acariciándome y me metía un dedo en el ano para hacérmelo
chupar y de nuevo lo volvía a meter.
Me dijo que esperara un poco. Bajó a la primera planta en busca
de algo. Yo pensaba en un vibrador, era lo que más deseaba. En
ese tiempo no me moví. Aparte de no poder por las cuerdas me
gustaba estar así y ni siquiera pestañeé.
Cuando volvió, de nuevo me acariciaba con la lengua y así
pudo comprobar que seguía mojada. Yo no sabía qué
me traía pero estaba segura de que me sorprendería y me
gustaría. Noté que me metía algo largo y fino,
después metió al menos dos dedos por el mismo lugar.
Metió aquel palo lo más adentro posible de mi ano y me
dijo “si te duele me lo dices”. Pensaba que se refería
a lo que acababa de hacer pero se refería a la pinza de tender
la ropa que estaba poniendo en mis labios vaginales. No me dolía
demasiado y las que me puso en los pezones apenas las notaba.
Esta imagen para mí era la máxima: a cuatro patas,
atada por las muñecas y un tobillo, con un palo metido
en el ano y pinzas en los pezones y el coño ¡No me lo podía
creer!¡Me gustaba como a una perra!
En esta postura me acariciaba el clítoris con una mano y con
la otra tiraba de las pinzas que presionaban mis pezones. Sentí
mucho placer, estaba ardiendo y fue así como me corrí.
Sólo noté que el coño me dolía cuando me
quitó la pinza y mi respiración se volvió entrecortada
por el orgasmo y por el alivio en mi sexo.
Me dijo “tranquila, descansa”. Con mucho cuidado me quitó
todo lo que tenía y sólo me dejó atada.
Se la empecé a chupar despacito, succioné como los bebés
al mamar del pecho. Notaba en mi boca como cada vez se ponía
más dura. Quería que se corriera en mi boca pero sabía
que para eso faltaba un poco más....
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