LLUVIA DORADA

LLUVIA DORADA, MEADAS

Fotos gratis de lluvia dorada: meadas en la cara, mujeres y hombres meando y todo meaditas.
Solo placer dorado, la lluvia dorada. Caras y cuerpo llenos de orina y tambien escatologia: cagadas.

 

lluvia dorada
meadas en la cara en la boca
meando, meadas, meaditas, orina en la cara

 

Una lluvia dorada

Mi novio se quitó la ropa y se estiró encima de mí. Nos besamos apasionadamente durante un buen rato, hasta que noté que su pene se endurecía. Entonces cogimos un condón que tenía escondido y se lo puse con cuidado. Yo estaba debajo de él, estaba quieta mientras me iba penetrando cada vez con más fuerza. Me comía a besos por mi cuello y mis pechos, mientras hacíamos el amor. Seguramente los vecinos no conciliaron el sueño con nuestros jadeos y el ruido de la cama. Mi novio se corrió antes que yo, por eso llevó su mano hasta mi clitoris y no paró de acariciarme y jugar con él hasta que conseguí llegar al orgasmo.
Nuestra respiración era profunda y entrecortada, estábamos cansados y empapados por nuestro propio sudor. Mi novio, para reponer fuerzas me aconsejó que nos diesemos una ducha, los dos juntos. Nos levantamos y, desnudos, recorrimos toda la casa hasta llegar al baño. Una vez dentro de la ducha empezó otra vez nuestros abrazos y caricias. Al cabo de poco rato, mi novio me pidió que me arrodillase. Se puso delante de mí, me encaró su pene y se dispuso a darme una "ducha" muy particular. Otra vez las emociones que me surgieron en mi primera experiencia con la lluvia dorada me volvían a fluir por mis venas.
Esta vez no le costó, la lluvia empezó a caer encima de mi cara y rápidamente se extendió por mi cuerpo. Su orina recorría toda mi piel y me excitaba cuando notaba el pasar del líquido caliente por encima de mis labios, mis pechos y mi sexo. Poco antes de acabar, mi novio me pidió que abriera mi boca y me bebiese el final de la lluvia. Me empecé a masturbar para apagar mi excitación, mientras, saboreaba el gusto de la orina. Esta vez no tenía un sabor tan fuerte gracias a la cantidad de bebida que habíamos tomado en la cena.
Aún echando las últimas gotas le empecé a hacer una mamada. No tardó mucho porque, después de la lluvia dorada, su excitación era tan grande que acabó enseguida. Mientras, continué masturbándome por mi cuenta hasta llegar al orgasmo. Nos dimos una ducha fría y nos dirigimos a la cama a dormir. El día siguiente por la mañana le iba a tocar a él darse "una ducha caliente".

Mas relatos eroticos de lluvia dorada

 

 

Sometidos.com