Una lluvia dorada
Mi novio se quitó la ropa y se estiró
encima de mí. Nos besamos apasionadamente durante
un buen rato, hasta que noté que su pene se endurecía.
Entonces cogimos un condón que tenía
escondido y se lo puse con cuidado. Yo estaba debajo de él, estaba
quieta mientras me iba penetrando cada vez con más fuerza.
Me comía a besos por mi cuello y mis
pechos, mientras hacíamos el amor. Seguramente los vecinos
no conciliaron el sueño con nuestros jadeos
y el ruido de la cama. Mi novio se corrió antes que yo, por eso
llevó su mano hasta mi clitoris y no paró
de acariciarme y jugar con él hasta que conseguí llegar
al orgasmo.
Nuestra respiración era profunda y entrecortada,
estábamos cansados y empapados por nuestro propio sudor. Mi novio,
para reponer fuerzas me aconsejó que nos diesemos una ducha,
los dos juntos. Nos levantamos y, desnudos, recorrimos toda la casa
hasta llegar al baño. Una vez dentro de la ducha empezó
otra vez nuestros abrazos y caricias. Al cabo de poco rato, mi novio
me pidió que me arrodillase. Se puso delante de mí, me
encaró su pene y se dispuso a darme una "ducha"
muy particular. Otra vez las emociones que me surgieron en
mi primera experiencia con la lluvia dorada me volvían
a fluir por mis venas.
Esta vez no le costó, la lluvia
empezó a caer encima de mi cara y rápidamente
se extendió por mi cuerpo. Su orina recorría toda
mi piel y me excitaba cuando notaba el pasar del líquido
caliente por encima de mis labios, mis pechos y mi sexo.
Poco antes de acabar, mi novio me pidió
que abriera mi boca y me bebiese el final de la lluvia. Me
empecé a masturbar para apagar mi excitación,
mientras, saboreaba el gusto de la orina. Esta vez
no tenía un sabor tan fuerte gracias a la cantidad de bebida
que habíamos tomado en la cena.
Aún echando las últimas
gotas le empecé a hacer una mamada. No tardó
mucho porque, después de la lluvia dorada, su
excitación era tan grande que acabó enseguida.
Mientras, continué masturbándome por
mi cuenta hasta llegar al orgasmo. Nos dimos una ducha
fría y nos dirigimos a la cama a dormir. El día siguiente
por la mañana le iba a tocar a él darse "una
ducha caliente".
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